El idioma se celebró con palabras vivas, risas y memoria: una jornada para recordar
La jornada comenzó con la participación activa de los estudiantes, quienes, entre nervios y entusiasmo, dieron inicio a una serie de presentaciones teatrales preparadas durante todo el primer periodo académico. Cada obra, inspirada en el plan lector de los cursos, reflejaba no solo la comprensión de las historias, sino también la capacidad de los estudiantes para apropiarse del lenguaje, interpretarlo y transformarlo en escena. No eran simples representaciones: eran relatos vivos, narrados con el cuerpo, la voz y la emoción.Uno de los momentos más llamativos fue la aparición de los títeres en la jornada tarde. Elaborados por los propios estudiantes, estos personajes (hechos de medias, cucharas, papel, plástico y mucha imaginación se convirtieron en protagonistas de historias llenas de humor, conciencia, crítica y sensibilidad. Cada uno llevaba consigo la huella de quien lo creó: colores vibrantes, detalles únicos y, sobre todo, una intención clara de comunicar. Allí, el idioma dejó de ser solo palabras escritas para convertirse en movimiento afrocolombiano.
Pero la celebración no se limitó al arte escénico. También hubo espacio para reconocer la identidad cultural. La afrocolombianidad tuvo un lugar especial dentro de la jornada, recordando la riqueza de nuestras raíces y la importancia de la diversidad en la construcción del lenguaje y la cultura. A través de expresiones artísticas y reflexiones, los estudiantes resaltaron cómo el idioma también es memoria, resistencia y herencia.
Durante la tarde, la energía no disminuyó. Los estudiantes continuaron con la programación, demostrando que el entusiasmo por el idioma no entiende de horarios. Las presentaciones mantuvieron el nivel, y el público (compuesto por compañeros, docentes y directivos) respondió con aplausos constantes, atentos a cada historia que se contaba sobre el escenario.
Uno de los momentos más solemnes del día fue la izada de bandera. Allí, el reconocimiento tomó la palabra. Se destacó a aquellos estudiantes que han demostrado un uso ejemplar del idioma, no solo en lo escrito, sino en su capacidad de expresarse oralmente, argumentar con claridad y participar activamente en los espacios académicos. Fue un recordatorio de que el lenguaje no solo se aprende, sino que se cultiva y se ejerce con responsabilidad.Al final de la jornada, lo que quedó no fue solo el eco de los aplausos, sino la certeza de que el idioma está más vivo que nunca en las aulas. Que habita en cada historia leída, en cada argumento construido, en cada títere que cobra voz y en cada estudiante que se atreve a decir, a narrar, a crear.
El 23 de abril del 2026 no fue simplemente una fecha en el calendario escolar. Fue un día en el que las palabras caminaron, bailaron y se hicieron sentir. Un día en el que el idioma dejó de ser una asignatura para convertirse, verdaderamente, en una experiencia compartida.








