La voz del Profe

VOCES AFROCOLOMBIANAS; RAÍCES QUE SE ESCUCHAN Y SE SIENTEN.
La afrocolombianidad hizo vibrar nuestra emisora ​​escolar
Hubo un momento en el que la emisora ​​escolar dejó de ser solo un espacio para escuchar… y se convirtió en un lugar para sentir.
Las voces comenzaron a sonar: familias, estudiantes, docentes. Cada una traía consigo algo más que palabras: traía la evocación de la historia, identidad, memoria. En el marco de la celebración de la afrocolombianidad, nuestra comunidad educativa se unió para reconocer que la diversidad no solo nos rodea… nos define.
 
Así fue como siete familias Luis lopistas aceptaron la invitación y compartieron con generosidad sus raíces, sus tradiciones y sus opiniones y pensamientos. Entre ellas, las familias Dalmaus Barrios, Panameño Carabali, Rodríguez Romero, Grueso Burbano y Largacha Loaiza, Torres Panameño y Marriaga Vega quienes no solo participaron con sus voces, sino también con imágenes que reflejan orgullo y pertenencia.
Y fue entonces cuando la emisora ​​empezó a latir con fuerza:
“Ser afrocolombiano significa resistencia, resiliencia y berraquera”
Una frase que no solo se escuchó, sino que se sintió. Porque detrás de ella hay historia, lucha y dignidad.
Las tradiciones también ocuparon un lugar especial. No como recuerdos lejanos, sino como prácticas vivas que siguen uniendo a las familias:
“La tradición que nunca me gustaría que los niños olvidaran sería la del sancocho.”
Y entre tantas voces, hubo una que se repitió como un eco necesario, como un llamado colectivo: “Respeto, ante todo. “Raíces que enseñan, historias que transforman.
Las familias no solo respondieron preguntas; compartieron saberes. Hablaron de cultura, de música, de gastronomía, de alegría… pero también de igualdad, de dignidad y de reconocimiento.
Porque la afrocolombianidad no es solo pasado. Está presente. Es identidad. Es orgullo.
Cuando los niños comprenden, la escuela florece.
Las voces de los estudiantes fueron, sin duda, uno de los momentos más significativos. Con palabras sencillas, lograron decir lo esencial: “Las diferencias son las que nos hacen únicas.” En esa frase habita una gran enseñanza. Una que no siempre es fácil de aprender, pero que, cuando se comprende, transforma la manera de ver al otro.
También reconocieron la alegría y la riqueza de esta cultura:“La afrocolombianidad es cultura, tradiciones y alegría”.
 
Y así, poco a poco, se fue evidenciando que esta experiencia no solo informó, sino formó.
Una escuela que educa desde la diversidad; desde la mirada institucional.
Las reflexiones fueron profundas y necesarias. La coordinadora Andrea Vega resaltó la importancia de “enseñar la afrocolombianidad como parte de nuestra identidad colectiva.”
El docente Juan Carlos Torres recordó que “vivimos en un país pluricultural, donde cada estudiante aporta desde su historia y su cultura.”
Y la rectora Patricia Moreno nos dejó una idea que invita a transformar la escuela:
“La inclusión no es un ideal lejano. Es una práctica diaria que se construye cuando aprendemos a reconocer, valorar y respetar la diferencia.”
Más que un programa, una experiencia que deja huella
Lo que ocurrió en la emisora ​​escolar no fue solo una actividad. Fue un encuentro. Un reconocimiento. Un acto de respeto.
Fue la oportunidad de escuchar a las familias y a toda una comunidad educativa que tiene mucho que decir, mucho que enseñar y mucho que aportar.
Porque cuando una escuela escucha… aprende.
Cuando reconoce… crece.
Y cuando valora la diversidad… se transforma.
Ese día, la emisora ​​no solo transmitió sonidos.
Transmitió identidad;
Transmitió historia;
Transmitió la humanidad;
Y nos recordó algo fundamental: nuestras raíces no solo se heredan… también se honran.
 
 
Reseña elaborada por: Luz Helena Gutiérrez, docente de humanidades.

  El idioma se celebró con palabras vivas, risas y memoria: una jornada para recordar

El pasado 23 de abril no fue un día cualquiera en la institución. Desde las primeras horas de la mañana, el ambiente anunciaba que algo distinto estaba por suceder: los pasillos se llenaron de colores, de voces afinando parlamentos, de manos ultimando detalles en pequeños títeres que, sin saberlo, estaban a punto de cobrar vida. Era el Día del Idioma 2026, y más que una conmemoración, se convirtió en una experiencia que unió creatividad, identidad y expresión.

La jornada comenzó con la participación activa de los estudiantes, quienes, entre nervios y entusiasmo, dieron inicio a una serie de presentaciones teatrales preparadas durante todo el primer periodo académico. Cada obra, inspirada en el plan lector de los cursos, reflejaba no solo la comprensión de las historias, sino también la capacidad de los estudiantes para apropiarse del lenguaje, interpretarlo y transformarlo en escena. No eran simples representaciones: eran relatos vivos, narrados con el cuerpo, la voz y la emoción.

Uno de los momentos más llamativos fue la aparición de los títeres en la jornada tarde. Elaborados por los propios estudiantes, estos personajes (hechos de medias, cucharas, papel, plástico y mucha imaginación se convirtieron en protagonistas de historias llenas de humor, conciencia, crítica y sensibilidad. Cada uno llevaba consigo la huella de quien lo creó: colores vibrantes, detalles únicos y, sobre todo, una intención clara de comunicar. Allí, el idioma dejó de ser solo palabras escritas para convertirse en movimiento afrocolombiano.

Pero la celebración no se limitó al arte escénico. También hubo espacio para reconocer la identidad cultural. La afrocolombianidad tuvo un lugar especial dentro de la jornada, recordando la riqueza de nuestras raíces y la importancia de la diversidad en la construcción del lenguaje y la cultura. A través de expresiones artísticas y reflexiones, los estudiantes resaltaron cómo el idioma también es memoria, resistencia y herencia.

Durante la tarde, la energía no disminuyó. Los estudiantes continuaron con la programación, demostrando que el entusiasmo por el idioma no entiende de horarios. Las presentaciones mantuvieron el nivel, y el público (compuesto por compañeros, docentes y directivos) respondió con aplausos constantes, atentos a cada historia que se contaba sobre el escenario.

Uno de los momentos más solemnes del día fue la izada de bandera. Allí, el reconocimiento tomó la palabra. Se destacó a aquellos estudiantes que han demostrado un uso ejemplar del idioma, no solo en lo escrito, sino en su capacidad de expresarse oralmente, argumentar con claridad y participar activamente en los espacios académicos. Fue un recordatorio de que el lenguaje no solo se aprende, sino que se cultiva y se ejerce con responsabilidad.

Al final de la jornada, lo que quedó no fue solo el eco de los aplausos, sino la certeza de que el idioma está más vivo que nunca en las aulas. Que habita en cada historia leída, en cada argumento construido, en cada títere que cobra voz y en cada estudiante que se atreve a decir, a narrar, a crear.

El 23 de abril del 2026 no fue simplemente una fecha en el calendario escolar. Fue un día en el que las palabras caminaron, bailaron y se hicieron sentir. Un día en el que el idioma dejó de ser una asignatura para convertirse, verdaderamente, en una experiencia compartida.


Brayan Ferney Sarmiento Jiménez
Docente Humanidades JT

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